RUIDO, MUCHO RUIDO (brigel)
Corría el mes de diciembre del año 2015 y nos acabamos de mudar a un nuevo apartamento. El lugar era una maravilla; mucho espacio libre al alrededor, hasta donde la vista me alcanzaba podía ver montañas y a lo lejos una corriente de agua que seguramente es un bracito de un rio; mucho más allá las torres y edificaciones de otro sector de la ciudad.
La primera noche en mi nueva casa fue espectacular; finalmente podíamos ver las estrellas desde el balcón sin necesidad de esforzarnos. Las luces de las casas allá arriba en las montañas prendían y apagaban, parecían el brillo de esas mosquitas que se les alumbra la colita cuando aletean.! Que belleza de lugar ¡
El sitio era como nos imaginamos la antesala del cielo: mucha luz natural porque no había edificios cercanos, brisa fresca que llegaba de las montañas y la cercanía del rio por lo tanto no había necesidad de aire acondicionado o ventiladores. El aire natural circula como debe ser.
Llego la mañana y lo que en la noche anterior había sido una maravilla se convirtió en una pesadilla. Desperté sobresaltado y no eran cantos de pájaros ni el arrullo del agua del rio cercano que pasa por el lugar. El ruido ensordecedor que hacia vibrar los vidrios de mi ventana provenían de los enormes megáfonos de los vendedores ambulantes y de los parlantes de los entrenadores de aeróbicos que llamaban a sus marcas a los participantes de grupos que se reúnen los domingos en el polideportivo a quemar sus calorías sobrantes.
- ¿Y ahora, que hago?... no puedo empacar y desaparecer porque se supone que ahora pertenezco a este lugar, ¿QUE HAGO PETER” ?, que hago? Esto decía yo en voz alta con la almohada tapándome los oídos.
Me asomé al balcón y en una cancha que yo suponía era solo para la práctica de algún deporte habían más de trescientas personas y un musculoso que con ritmo bailaban al acorde de una música incomprensible que emanaba de los gigantescos parlantes que apuntaban hacia mi ventana, entonces se me ocurrió una idea: seguir al pie de letra lo que alguna vez leí y que en aquel entonces me parecía una tontería. “SINO PUEDES VENCER AL ENEMIGO, UNETE A EL”.
El día siguiente compre unas pesitas de dos libras y el domingo siguiente esperé al musculoso y a su grupo y desde mi balcón empecé a hacer aeróbicos con ellos y aunque a veces perdía el ritmo porque tengo dos pies izquierdos no siento que he perdido la guerra, sino que gane una batalla al unirme a ese grupo de baile sin sentido(brigel)